Fantasía desde el sur: Liliana Bodoc

Liliana Bodoc transformó la fantasía escrita en español. Su Saga de los Confines marcó a una generación de lectores —y también a quienes hoy intentamos crear mundos propios— con una épica nacida de América Latina.

Y ocurrió hace tantas edades que no queda que no queda de ella ni el eco del recuerdo.Ningún vestigio de estos sucesos ha logrado permanecer

Liliana Bodoc - Los Días del Venado
Liliana Bodoc ya no está con nosotros. Partió en febrero del 2018 y, según su fe, debe estar esperando en el jardín el momento de la resurrección. Si siguiera viva, habría intentado entrevistarla para ustedes… y, por supuesto, también para mí.

Nunca la conocí en persona, pero aún recuerdo con precisión la impresión de la primera vez que tuve entre mis manos Los días del venado. Para quienes no han leído La Saga de los Confines, debo decirles que es una obra extraordinaria: una fantasía con todos los elementos del género, pero anclada en lo más profundo de la cultura latinoamericana del sur del mundo.

Para mí —fan de Tolkien y del Mago de Terramar, aunque un poco agotado de la larga estela de novelas posteriores llenas de druidas, dragones y elfos reciclados— la trilogía de Bodoc fue un verdadero respiro. Una bocanada de aire nuevo.

Liliana nos invita a mirar la fantasía con otros ojos: no solo como un ejercicio de imaginación al servicio del entretenimiento (que, por cierto, no tiene nada de malo), sino también como una forma de repensar nuestra historia. A través de su narrativa, la conquista de América aparece desde la perspectiva de los pueblos originarios, sin ingenuidades ni idealizaciones. Nos ofrece una épica distinta, más cercana a la tierra, al silencio, a lo femenino, al dolor y a la resistencia. Y lo hace con un respeto profundo por la naturaleza y la dignidad humana, muy lejos de los moldes clásicos de la fantasía europea.

Años después, al comenzar a construir mi propio universo —lo que hoy conocen como Pachantú— descubrí cuánto había germinado en mí la lectura de Bodoc. No en el estilo ni en la trama, sino en algo más profundo: la convicción de que la fantasía también puede nacer de nuestra tierra, de nuestras heridas y de nuestra memoria. Que los mundos imaginarios pueden tener raíces latinoamericanas sin dejar de ser universales. Si algo heredé de ella —sin proponérmelo— es ese respeto por las culturas que nos sostienen y la certeza de que lo fantástico puede ser una forma de cuidar lo que amamos.

No he pretendido emularla —lo que no sería vergonzoso, pero sí imposible—, pero sí honro el camino que abrió: la posibilidad de una fantasía épica andina adulta, seria y poética. Ese espíritu dialoga, inevitablemente, con la búsqueda literaria que intento en mis textos.

Hace poco supe que existía una nueva saga, Tiempo de dragones. No es fácil de encontrar, pero les dejo igualmente el enlace de Buscalibre para quienes deseen explorarla.

Tiempo de Dragones

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